Les lectures de ce dimanche (en Espagnol)

 Domingo 16 del tiempo ordinario a

Soy semilla del Reino.

El reino está presente ya en la historia.

No llega súbitamente, pero hay signos.

Actúa y se revela en los pequeños y desde lo pequeño.

Hay que dejarse fermentar para fermentar a los demás.

Tiene sentido la historia humana. Es historia de salvación, sí.

Florentino Ulibarri

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA.

Lectura del libro de la Sabiduría 12, 13. 16-19.

Fuera de ti, no hay otro dios al cuidado de todo, ante quien tengas que justificar su sentencia.

Tu poder es el principio de la justicia, y tu soberanía universal te hace perdonar a todos.

Tú demuestras tu fuerza a los que dudan de tu poder total, y reprimes la audacia de los que no lo conocen.

Tú, poderoso soberano, juzgas con moderación y nos gobiernas con gran indulgencia, porque puedes hacer cuanto quieres.

Obrando así, enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano, y diste a tus hijos la dulce esperanza de que, en el pecado, das lugar al arrepentimiento.

 

SALMO RESPONSORIAL. Salmo 85.

Antífona: Tú, Señor, eres bueno y clemente.

Tú, Señor, eres bueno y clemente,

rico en misericordia con los que te invocan.

Señor, escucha mi oración, atiende a la voz de mi súplica.

Todos los pueblos vendrán a postrarse en tu presencia, Señor; bendecirán tu nombre: “Grande eres tú, y haces maravillas;

tú eres el único Dios.”

Pero tú, Señor, Dios clemente y misericordioso,

lento a la cólera, rico en piedad y leal, mírame, ten compasión de mí.

 

SEGUNDA LECTURA.

Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Romanos 8, 26-27.

Hermanos:

El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables.

Y el que escudriña los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu y que su intercesión por los santos es según Dios.

 

Lectura del santo Evangelio según San Mateo 13, 24-43.

EVANGELIO DE SAN MATEO 13 ,24 -43

En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente: «El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, su enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: ´´Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?« 

Él les dijo: ´´Un enemigo lo ha hecho.« 

Los criados le preguntaron: ´´¿Quieres que vayamos a arrancarla?« 

Pero él les respondió: ´´No, que, al arrancar la cizaña, podríais arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores: ´Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero.« »

Les propuso esta otra parábola: «El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas, y vienen los pájaros a anidar en sus ramas.»

Les dijo otra parábola: «El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, y basta para que todo fermente.»

Jesús expuso todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les exponía nada.

Así se cumplió el oráculo del profeta: «Abriré mi boca diciendo parábolas, anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo.»

Luego dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle: «Acláranos la parábola de la cizaña en el campo.»

Él les contestó: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles.

Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será al fin del tiempo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su reino a todos los corruptores y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga.»

Fermento de una vida más humana

Sorprende ver con qué frecuencia se dirige Jesús a sus discípulos para ponerles en guardia contra una falsa «impaciencia mesiánica» que no sabe respetar el ritmo de la acción discreta pero vigorosa de Dios.

A los que esperan de él la puesta en marcha de un movimiento contundente y arrollador, capaz de terminar con otras corrientes y alternativas, Jesús les habla de una acción de Dios más humilde y respetuosa. El mundo es un campo de siembras opuestas. Y el reino de Dios crece ahí, en la densidad de esa vida a veces tan ambigua y compleja.

Ahí está Dios salvando al ser humano. En esos comportamientos colectivos, animados unas veces por grandes ideales y otras por oscuros egoísmos. En esos mil gestos que hacemos cada día y donde se mezcla la generosidad con las mezquindades más inconfesables.

A quienes esperan el despliegue de algo espectacular y poderoso, Jesús les habla de un reinado de Dios más sencillo y discreto. Algo que no está hecho para desencadenar movimientos grandiosos de masas. El reino de Dios está ya actuando, pero al modo de un grano de mostaza minúsculo y casi irrisorio que germina con humildad, o como un trozo imperceptible de levadura que se pierde en la masa fermentándola desde dentro.

Al reino de Dios no le abriremos camino lanzando excomuniones sobre otros grupos, partidos o ideologías, ni condenando todo lo que no coincide con nuestro pensamiento. No lo implantaremos en la sociedad concentrando grandes masas o logrando el aplauso pasajero de las muchedumbres.

El reino de Dios es un «fermento de humanidad» y crece en cualquier rincón oscuro del mundo donde se ama al ser humano y donde se lucha por una humanidad más digna. Al reino de Dios le abriremos camino dejando que la fuerza del evangelio transforme nuestro estilo de vivir, amar, trabajar, disfrutar, luchar y ser.

José Antonio Pagola

LE FERMENT D’UNE VIE PLUS HUMAINE

Il est surprenant de voir avec quelle fréquence Jésus s’adresse à ses disciples pour les mettre en garde contre une fausse «impatience messianique» qui ne sait pas respecter le rythme de l’action discrète mais vigoureuse de Dieu.

À ceux qui attendent de lui le déclenchement d’un mouvement puissant et irrésistible, capable de mettre fin à d’autres courants et alternatives, Jésus parle d’une action de Dieu plus humble et plus respectueuse. Le monde est un champ de semailles opposées. Et le royaume de Dieu grandit là, dans la densité de cette vie parfois si ambiguë et complexe.

C’est là que Dieu sauve l’être humain. Dans ces comportements collectifs, animés tantôt par de grands idéaux, tantôt par de sombres égoïsmes. Dans ces mille gestes que nous faisons chaque jour et où se mêlent la générosité et les mesquineries les plus inavouables.

À ceux qui attendent le déploiement de quelque chose de spectaculaire et de puissant, Jésus parle d’un règne de Dieu plus simple et plus discret. Quelque chose qui n’est pas fait pour déclencher de grands mouvements de masse. Le royaume de Dieu est déjà à l’oeuvre, mais à la manière d’un grain de moutarde minuscule et presque ridicule qui germe avec humilité, ou comme un morceau imperceptible de levain qui se perd dans la pâte et la fait fermenter de l’intérieur.

Nous n’ouvrirons pas la voie au royaume de Dieu en excommuniant d’autres groupes, partis ou idéologies, ni en condamnant tout ce qui ne correspond pas à notre pensée. Nous ne l’implanterons pas dans la société en rassemblant de grandes masses ou en obtenant les applaudissements passagers des foules.

Le royaume de Dieu est un «ferment d’humanité» et il grandit dans tous les coins obscurs du monde où l’on aime l’être humain et où l’on lutte pour une humanité plus digne. Nous ouvrirons la voie au royaume de Dieu en laissant la force de l’Évangile transformer notre façon de vivre, d’aimer, de travailler, de jouir, de lutter et d’être.

José Antonio Pagola

Traducteur: Carlos Orduña