Les lectures de ce dimanche (en Espagnol)

 

 

SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS

El toque del Espíritu convierte el agua en vino,

la ley en Evangelio.

Las obligaciones pesadas en cargas suaves.

El pesimismo en esperanza

y la tristeza en ilusión.

Cambia las profesiones en vocaciones

y la autoridad en servicio.

El toque el Espíritu transforma a las personas en humanas.

José Enrique Ruiz de Galarreta

 

PRIMERA LECTURA.

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 2, 1-11

Todos los discípulos estaban juntos el día de Pentecostés. De repente un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno.Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Espíritu le sugería

Se encontraban entonces en Jerusalén judíos devotos de todas las naciones de la tierra. Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma. Enormemente sorprendidos preguntaban: —¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿como es que cada uno los oímos hablar en nuestra lengua nativa?

Entre nosotros hay partos, medos y elamitas, otros vivimos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia o en Panfilia, en Egipto o en la zona de Libia que limita con Cirene;algunos somos forasteros de Roma, otros judíos o prosélitos; también hay cretenses y árabes;y cada uno los oímos hablar de las maravillas de Dios en nuestra propia lengua.

 

SALMO RESPONSORIAL. 103

Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

Bendice, alma mía, al Señor: ¡Dios mío, qué grande eres!

Cuántas son tus obras, Señor; la tierra está llena de tus criaturas.

Les retiras el aliento, y expiran y vuelven a ser polvo;

envías tu espíritu, y creas, y repueblas la faz de la tierra.

Gloria a Dios para siempre, goce el Señor con sus obras;

que le sea agradable mi poema, y yo me alegraré con el Señor.

 

SEGUNDA LECTURA.

Lectura de la primera carta del apóstol San Pablo a los Corintios 12, 3b-7. 12-13.

Hermanos : Nadie puede decir «Jesús es Señor», si no es bajo la acción del Espíritu Santo. Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de servicios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones,pero un mismo Dios que obra todo en todos. En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común. Porque, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo,

así es también Cristo. Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un

mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.

 

SECUENCIA

Ven, Espíritu Santo,

y envía desde el cielo un rayo de tu luz.

Ven, Padre de los pobres,

ven a darnos tus dones, ven a darnos tu luz.

Consolador lleno de bondad,

dulce huésped del alma suave alivio de los hombres.

Tú eres descanso en el trabajo,

templanza de la pasiones, alegría en nuestro llanto.

Penetra con tu santa luz

en lo más íntimo del corazón de tus fieles.

Sin tu ayuda divina

no hay nada en el hombre, nada que sea inocente.

Lava nuestras manchas, r

iega nuestra aridez, cura nuestras heridas.

Suaviza nuestra dureza, elimina con tu calor nuestra frialdad, corrige nuestros desvíos.

Concede a tus fieles, que confían en tí, tus siete dones sagrados.

 

Lectura del santo Evangelio según San Juan 20, 19-23

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: “Paz a vosotros.”

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discí-pulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: “Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”.

Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdona-dos; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.”

 

INVOCACIÓN AL ESPÍRITU

Ven, Espíritu Santo. Despierta nuestra fe débil, pequeña y vacilante. Ensé-ñanos a vivir confiando en el amor insondable de Dios, nuestro Padre, a todos sus hijos e hijas, estén dentro o fuera de tu Iglesia. Si se apaga esta fe en nuestros corazones, pronto morirá también en nuestras comunidades e iglesias.

Ven, Espíritu Santo. Haz que Jesús ocupe el centro de tu Iglesia. Que nada ni nadie lo suplante ni oscurezca. No vivas entre nosotros sin atraernos ha-cia su Evangelio y sin convertirnos a su seguimiento. Que no huyamos de su Palabra, ni nos desviemos de su mandato del amor. Que no se pierda en el mundo su memoria.

Ven, Espíritu Santo. Abre nuestros oídos para escuchar tus llamadas, las que nos llegan hoy, desde los interrogantes, sufrimientos, conflictos y contradicciones de los hombres y mujeres de nuestros días. Haznos vivir abiertos a tu poder para engendrar la fe nueva que necesita esta sociedad nueva. Que, en tu Iglesia, vivamos más atentos a lo que nace que a lo que muere, con el corazón sostenido por la esperanza y no minado por la nos-talgia.

Ven, Espíritu Santo. Purifica el corazón de tu Iglesia. Pon verdad entre no-sotros. Enséñanos a reconocer nuestros pecados y limitaciones. Recuérda-nos que somos como todos: frágiles, mediocres y pecadores. Libéranos de nuestra arrogancia y falsa seguridad. Haz que aprendamos a caminar entre los hombres con más verdad y humildad.

Ven, Espíritu Santo. Enséñanos a mirar de manera nueva la vida, el mundo y, sobre todo, las personas. Que aprendamos a mirar como Jesús miraba a los que sufren, los que lloran, los que caen, los que viven solos y olvida-dos. Si cambia nuestra mirada, cambiará también el corazón y el rostro de tu Iglesia. Los discípulos de Jesús irradiaremos mejor su cercanía, su com-prensión y solidaridad hacia los más necesitados. Nos pareceremos más a nuestro Maestro y Señor.

Ven, Espíritu Santo. Haz de nosotros una Iglesia de puertas abiertas, cora-zón compasivo y esperanza contagiosa. Que nada ni nadie nos distraiga o desvíe del proyecto de Jesús: hacer un mundo más justo y digno, más amable y dichoso, abriendo caminos al reino de Dios.

José Antonio Pagola

 

INVOCATION À L’ESPRIT

Viens, Esprit Saint. Réveille notre foi faible, petite et vacillante. Apprends-nous à vivre en nous confiant à l’amour insondable de Dieu, notre Père, envers tous ses fils et toutes ses filles, qu’ils soient dans ton Église ou hors d’elle. Si cette foi s’éteint dans nos cœurs, elle mourra bientôt aussi dans nos communautés et nos églises.

Viens, Esprit Saint. Fais que Jésus occupe le cœur de ton Église. Que rien ni personne ne le supplante ni ne l’obscurcisse. Ne vis pas parmi nous sans nous attirer vers son Évangile et sans nous entraîner à le suivre. Ne nous laisse pas fuir sa Parole, ni nous détourner de son commandement d’amour. Que sa mémoire ne se perde pas dans le monde.

Viens, Esprit Saint. Ouvre nos oreilles pour que nous entendions tes appels, ceux qui nous parviennent aujourd’hui, à travers les questions, les souffrances, les conflits et les contradictions des hommes et des femmes de notre temps. Rends-nous ouverts à ta puissance pour engendrer la foi nouvelle dont cette société nouvelle a besoin. Dans ton Église, fais-nous vivre plus attentifs à ce qui naît qu’à ce qui meurt, le cœur soutenu par l’espérance et non miné par la nostalgie.

Viens, Esprit Saint. Purifie le cœur de ton Église. Mets la vérité parmi nous. Apprends-nous à reconnaître nos péchés et nos limites. Rappel-le-nous que nous sommes comme tous les autres : fragiles, médiocres et pécheurs. Libère-nous de notre arrogance et de notre fausse sécurité. Fais-nous apprendre à marcher parmi les hommes avec plus de vérité et d’humilité.

Viens, Esprit Saint. Apprends-nous à regarder d’un œil nouveau la vie, le monde et, surtout, les personnes. Apprends-nous à regarder comme Jésus regardait ceux qui souffrent, ceux qui pleurent, ceux qui tombent, ceux qui vivent seuls et oubliés. Si notre regard change, le cœur et le visage de ton Église changeront aussi. Nous, disciples de Jésus, nous rayonnerons davantage sa proximité, sa compréhension et sa solidarité envers les plus démunis. Nous ressemblerons davantage à notre Maître et Seigneur.

Viens, Esprit Saint. Fais de nous une Église aux portes ouvertes, au cœur compatissant et à l’espérance contagieuse. Que rien ni personne ne nous détourne du projet de Jésus : rendre le monde plus juste et plus digne, plus aimable et plus heureux, en ouvrant des chemins vers le royaume de Dieu.

José Antonio Pagola
Traductor: Carlos Orduña